Tan joven, tan viejo










Tan joven, tan viejo.

Los años pasan y con ellos eso que se llama la juventud. Maravillosa palabra por la cual pasamos de largo sin respeto, pues la vivimos y amamos cada uno de nosotros a nuestra manera y propio criterio decisiones y hasta con nuestros errores.
Cuando pasan los años y no te das cuenta de que tu piel poco a poco quizás se va secando con el pasar del invierno, los vicios se transforman en avitos,  cuando  los enfados son menos duraderos al ver después del grito, el sonrojo, el temperamento, el desperdicio del talento del insulto desmotivado, llega la reflexión y te das cuenta. Joder sigo siendo un crio o tengo este alma mía que sigue teniendo los impulsos vivos de un quinceañero pero con la sabiduría de los años vividos, al darme cuenta por la tontería de mi enfado.
Donde se encuentra la frontera del término de la juventud y comienzo de la vejez? Porque sentirse joven no es difícil. Si no quizás, solo se necesita quererse lo suficiente a uno mismo, no digo amar pues eso sería una enfermedad, simplemente quererse lo suficiente, aceptarse y disfrutar de ello.
Reírme de mí mismo, que carajo por supuesto eso es juventud aunque según las reglas del juego se acabase hace algún tiempo.
Tan viejo cuando los recuerdos apabullan pero no molestan, aceptarlos es lo que queda, pues no existen maquinas del tiempo para arreglar lo que nunca se podrá arreglar. La felicidad o la intranquilidad de lo que se hizo bien o mal, lo que se pudo haber arreglado o no haber sabido buscar el valor para decir a alguien te amo, o al pollo del instituto subnormal, cuando la oportunidad se terciase.
Que deje de comer o que vitamina me olvide de tomar, pues las cremas nunca me gustaron para que mi piel se arrugase de esta manera. Fue el tiempo, lo vivido o desvivido, que consiguió que el caminar se hiciera más pausado, sigiloso, algo pesado incluso.
Pero mi caminar es compensado al ver las cosas de otro modo, lo que no se ve por no tener precio, todas aquellas cosas que me hicieron comprender el sentido de la vida, que en lo que pasa desapercibido es lo que en un segundo te puede arreglar un día.
El paso de los años infinito camino repleto de almas con quien tropezar para ser odiadas, amadas, escuchadas, comprendidas, incomprendidas maravilloso viaje de extraños fragmentos de cine gravados en la retina de un viejo extrovertido con alma de joven tímido con recursos, pero sin descubrir.
Todo esto lo vi en el banquito de un parque admirando un rostro de pelo canoso, fumador empedernido por los 8 cigarros negros fumados en 15 min que fue lo que duro mi comprender aquel mirar limpio, triste, y travieso. De alguien que vivió la juventud la cual intento abandonarlo como lo hace con todos nosotros pero sin fortuna pues aquel caballero con cuerpo de abuelo, pero con alma de muchacho tenia grabado en su rostro la felicidad y la sabiduría de una vida que con su llama nunca dejaría de dar esa luz que representa la eterna juventud, la que no se busca ni se encuentra simplemente se cuida, para que nunca deje de brillar en nosotros.
Aquel tan joven y tan viejo caballero con una mueca me sonrió y me di cuenta que lo que pensé de él, y mis conclusiones habían sido un aviso para mí. Para que entendiera que la vida con sus problemas y alegrías no son los culpables de una vejez temprana, simplemente una dejadez de la persona al no querer entender que también ese niño que fuimos no se pierde con el tiempo, solo es educarlo y quererlo lo suficiente para que nunca nos abandone.
Y disfrutemos cada momento, sin escusas, de ese enano revoltoso que fuimos en un tiempo que duerme y vive con nosotros para siempre en una habitación llamada corazón.

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