Las calles de mi infancia
Las calles
de mi infancia.
Cuando los
momentos se apoderan del tiempo y de la inercia del corazón al palpitar se
escuchan susurros que no son del viento ni de los fantasmas que puedan habitar
en un hogar, ni los propios nuestros.
Simplemente cierro
mis ojos respiro profundo y mi mente comienza a realizar una tira de imágenes desordenadas
las cuales disfruto poniéndolas en su lugar correspondiente, quizás sin la
fecha justa pero si en la edad disfrutada por mí. Esos momentos que recuerdan
para aquel que los quiera con él, esos instantes que no regresaran pero si se
pueden cuidar porque son parte de mí y yo no los quiero perder en el pozo común
del olvido. En ese momento enciendo la filmoteca de mis recuerdos y me inspiro
por los suspiros de mi corazón al ver aquellas imágenes olvidadas en el tiempo.
Siempre
comienzan con calles conocidas por mí, donde jugué, reí, llore, pero además de
todo eso son lugares donde me cree poco a poco. Relajo mi cuerpo y veo aquella
pelota protagonista de mil partidos de futbol algunos de ellos sin terminar por
tener que ir a almorzar o simplemente por alguna rabieta que se olvidaba de camino
a casa por aquellas calles que nunca borrare de mi mente.
Me sonrojo
aun ahora cuando recuerdo la tienda de chuches y pipas que nos hacían parecer
loros sin plumaje y que por ese motivo las calles no nos querían tanto al dejar
cascaras regadas por todos sitios y realizar carreras atléticas para que el
incansable barrendero no nos metiera un escobazo de regalo, dije sonrojar por Graciela
la dependienta de aquel lugar de azúcar que con ella dentro era una sensación de
miel, y chocolate de altas revoluciones para nuestras mentes calenturientas en
la edad del pavo, se compraba algo para en definitiva contemplarla a ella,
diosa de bombones , regalices y de todo lo que allí se vendía.
Las caminatas
y momentos infantiles de camino al único trabajo que teníamos el de estudiar,
momentos de planes, preguntas con propias respuestas. Las calles que me vieron
crecer testigos en tiempo real de la llegada de la pubertad y la sin querer
perdida infancia.
Me recuesto
en el sofá mi nuca se relaja y noto aquel suspiro acompañado de unos labios que
me dieron mi primer beso, Noelia la chica que me dio a comprender lo que era
temblar por la espera de 1 min, al no verla en la cita, pudo a ver sido mía
pero fue un respeto tan hermoso a lo que los dos fuimos sometidos el primer
amor que nunca creo que se nos pasó por nuestras cabezas dar el paso y el
tiempo nos devoro demasiado pronto pues solo tuvimos una semana para estar
juntos lo cual fue suficiente para recordarla toda una vida.
Mis calles también
sintieron la felicidad que me rebosaba al estar con ella y la profunda tristeza
que sintieron al verme vagar por ellas cuando se marchó, mi Noelia, nuestra Noelia.
Las dudas de
la adolescencia y los sueños del niño a hombre que poco a poco cambiaban de
siluetas.
Aquellas infinitas
tardes de sol en julio que se perdían por nosotros tumbados en la plaza del
charco, o asándonos en la playa de san Telmo, con nuestros baños arriesgando
algo más que un moretón y perdiendo el respeto a la mar la cual con el tiempo
nos puso en cordura.
Las peleas
entre mamarrachos en mi opinión y héroes de mi parte, mis amigos los que también
crecieron como yo, pero que por mis calles y en mi mente siempre estaremos con
pantalones cortos un balón en las manos e imaginándonos un mundo para nosotros
mismos. Con miedos que intentábamos apaciguar al de al lado y carcajadas que no
terminaban nunca.
La señora
julia que en mis calles era como el radio macuto que no perdía de vista nada y no
perdía el tiempo en divulgar a la vez que luego se olvidaba de lo que tenía en
casa.
Los viejos
que en mis calles nos miraban y esperaban el momento idóneo para que los escuchásemos
y contar así mil historietas que con ellas siempre querían decirnos algo, quizás
a nuestros comportamientos o lo que por sus ojos sabios por el tiempo veían
nuestras preguntas sin responder o miedos sin divulgar.
Los campos
de futbol de tierra polvorienta y de porterías sin redes pero en la que éramos
felices y nuestras madres se volvían locas al vernos llegar a casa y con la tentación
de decir (la madre que te pario donde te metiste hoy) aunque la tentación de
decirlo se les escaba por la boca al pensarlo.
Sonrio a la
vez que recuerdo esto y no me arrepiento de nada de lo vivido pues cuando abro
mis ojos de nuevo y me miro al espejo me siento orgulloso de tener conmigo esos
recuerdos que de alguna manera nunca me dejaron del todo ser un niño.
El tiempo
cobra su velocidad, el corazón siente un palpito diferente, apago mi videoteca
con una nueva película realizada con mis recuerdos, me levanto de mi sofá salgo
a la calle miro las paredes de m antigua calle y solo puedo reírme al verme de
pequeño con mis amigos jugando a ladrones y policías, levantándole la falda a Estefanía
o dando patadas a mi balón en la pared de siempre en el peñón.
Bueno creo
que por este camino iré a buscar a mis hijos que seguramente ahora están creando
películas nuevas por estas calles de mi infancia que me vieron crecer a mí también.

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