Amanecer muerto




En Amanecer muerto.......

El sol no era ni siquiera amarillo o anaranjado, era del color rojo del fuego, o del color del infierno donde creo o llegue a creerme estar alguna vez.
Era un calor que las piedras de tener voz, hubieran suplicado clemencia, con la mala fortuna de que esa palabra no significase nada para aquel infernal amanecer, en una de las muchas provincias sometidas al reinado de lucifer.
Entre arena, dunas, postrado estaba el cuerpo de un hombre inerte, con los ojos abiertos pero sin pestañeo alguno y única víctima de aquel infernal sol en aquel rojo amanecer el cual disfrutaba pensando que dañaba la piel de aquel cuerpo postrado e inerte.
Pero para su frustración no dañaba ni un solo poro de su piel.
Lo único que daba sombra era un espeso manchón negro que por momentos descendía acercándose a la tierra árida. A cada segundo transcurrido esa sombra negra se transformaba en una espesa nube negra, que realizaba a cada momento círculos más violentos como si de un tornado se tratase pero con velocidad anciana y sin sonido alguno, pero que observaban el cuerpo inerte y se reflejaban en las pupilas de aquellos ojos abiertos.
Eran aves carroñeras que debido a su escaso valor e indiscutible cobardía tardaban en aterrizar al lado de aquel misterioso cuerpo inerte que se les antojaba como un incalculable manjar para sus putrefactas almas hambrientas de carne y sangre.
Empezaron a picotear pero no consiguieron nada…… aquella piel y cuerpo no desprendía sangre, ni siquiera algún sollozo de dolor mudo, para colmo ni se veía algún color rojizo provocado por los continuos picotazos de aquellas aves, las cuales comenzaron a perder fuerzas y a sentir la frustración de no conseguir carne que comer y sangre que tomar de aquel cuerpo inerte en medio de aquel amanecer infernal.
La frustración consiguió un momento de atención! Todas aquellas aves carroñeras fueron testigos y cómplices de un broto de lágrimas completamente negras que se derramaban como un manantial de agua pero de espesor semejante a la sangre  pero de color negro como se le conoce a la muerte.
La naturaleza muerta, un manantial de espesa oscuridad que provenía de los ojos abiertos de aquel cuerpo inerte.
Un alarido de dolor y tristeza consiguió espantar los cuervos algunos metros más de aquel cuerpo. Una luz oscura reprodujo la imagen de una mujer, de ojos claros y pelo color caoba con curvas prodigiosas y de mirada felina. Fue abrazada y poseída por la figura de un hombre que la tomaba por la espalda y empezaba a besarla y a manosearla con el disfrute de ella.
 Al tiempo que nuestro desconocido cuerpo inerte siguió expulsando de sus ojos más lágrimas negras que se teñían de un color más negro, llegando al azabache.
En esa imagen no era el quien amaba aquella dama que se reproducía en aquella escena rocambolesca que se reproducía quizás del mismo.
Por momentos las lágrimas cesaron y no se escuchó más aquel infernal alarido. El sol siguió quemando la tierra y los cuervos se convencieron que de aquel cuerpo nada conseguirían.
Un estruendo recorrió el cielo de aquel lugar y un trueno escandaloso y lleno de violencia y odio dio de lleno en el cuerpo inerte de ojos abiertos y lágrimas negras.
En otro lugar se escuchaba el nombre de un hombre, pablo, pablo!! Dónde estás? A estas preguntas nadie contesto en una casa de amplios ventanales y repleta de fotos, cuadros, libros y  demás objetos que la hacían parecer un hogar acogedor, sin ruidos externos y de ambiente fresco.
En la terraza un hombre fumaba un cigarro y sostenía en su mano una botella de ron blanco de la cual tomaba sorbos a la vez que miraba con la mirada perdida el infinito del mar y de alguna manera disfrutaba la brisa con su olor a coral y el salitre del agua.
Pablo no me escuchas? Te llevo llamando desde hace algún tiempo, te encuentras bien? Pablo siguió sin contestar y tomo un trago de aquella botella y lo acompaño por una calada de tabaco profunda pero tranquila. No la miro y la dijo casi sin ganas, para que me estás buscando? Necesitas algo? Que te pasa maría?
Solo quería verte y vi que no estabas en ningún sitio corazón, al escuchar aquella palabra casi viro su cabeza hacia ella pero no lo hizo y la dijo; corazón? De que corazón hablas carajo!!! De aquella máquina de bombeo de sangre que da vida a los cuerpos aunque no lo queramos, ese corazón me estás hablando? Siguió fumando y continúo sin mirarla.
María se asustó por las palabras escuchadas por la poca gana y lo cínico de su hablar, aunque siguió intentando hablar con pablo. Le dijo que porque estaba así y cuanto había tomado hasta ese momento.
Pablo entonces la miro y se encontró con el rostro bello de maría, ojos claro de felina, de curvas tales que aun sabiendo del peligro de las mismas cualquier hombre se enfrentaría al peligro a riesgo de despeñarse por ellas, solo para poder sentir lo que ella provocaba.
Eso es lo que te preocupa, lo que tome o por qué estoy aquí perdido y sin ganas ninguna de mirarte, más bien de olvidarte. Por cuál de las dos quieres preguntar?.
Olvidarme! No entiendo porque querrías olvidarme, tampoco entiendo tu desgana y tu cinismo, pero me preocupa y me asusta.
Pablo la miro a los ojos y le dijo, desde ayer me quede sin alma, quise llorar y no lo conseguí, quise gritar y mi alma no tuvo fuerzas para ello, quise olvidar lo visto pero yo mismo me lo prohíbo,  quise pellizcarme para ver si notaba algo y ves, estoy amoratado pero tampoco sentí nada.
Te miro y no me provocas ningún sentimiento ni bueno ni malo, me indigno al estar tan ciego y haber creído en ti, cuando al final nunca debí de hacerlo. Ahora me di cuenta de todos aquellos detalles que se me pasaron por estar loco por ti, pero que se ahogaron anoche y tu seguramente no sabrás de que te hablo.
Los ojos de maría se rayaron y por su cuerpo noto un agobiante escalofrió que la recorrió todo su cuerpo, la dejo muda y tiritando, intento decir algo y no pudo solo se le escucho decir pablo… pablo.. pablo.
La dejo de mirar cómo se abandona una hoja caída de un árbol al llegar el otoño y no dijo nada, en aquel silencio infinito que los rodeo solo se escuchaba el olor al arrepentimiento de maría, al cual pablo ni se inmuto, por decir más ni siquiera lo percibió. María le tomo la mano helada de pablo intento encontrarlo pero pablo ya no estaba su alma no existía y al parecer ni para ella ni para nadie, aquella mano estaba tan fría como si de un cadáver se tratase, no vio nada en los ojos de pablo solo una mirada perdida sin tristeza ni vida, inerte en una búsqueda quizás del infinito sin buscar nada.
Quizás con su alma enviada al infierno del olvido, el lugar del reposo sin tal de las almas destruidas sin ganas de renacerlas.
Pablo continúo diciendo; ya no es solo el que tú me hicieras lo que espero que confieses, es que ya no podre creer en la amistad y menos en el amor, pues las dos me golpearon a noche a la vez. Estoy aquí pero estoy muerto maría y tampoco me importa demasiado.
Entre lágrimas y sollozos maría pidió perdón por lo ocurrido, sé de qué hablas ayer estuve en brazos de otro hombre que por desgracia bien lo conoces tú, simplemente ocurrió me sentí sola y el apareció en el momento menos preciso para mí o quizás para los dos, me entregue a él sin pensar en nada que no fuese pensar en ti, estuve con el pero te estaba amando y gozando a ti.
Pablo la miro y con un gesto despectivo siguió sin sentir nada ni una pizca de odio o enfado simplemente nada.
Muchas fueron las decepciones, largas esperas para conseguir vacíos de amor y fosas de sentimientos hondos tan hondos que amedrantaba el simple hecho de imaginar lo profundo de los mismos.
Tú me hablas de mi engaño yo te explico de mis largas noches y días de soledad, de lloros  por el no entender lo difícil que era vivir contigo pues pareciese que nunca estabas para mí. Del disfrute de nosotros en la cama pero que en unas horas se quedaban en nada.
Lo siento pablo no quiero echarte solo a ti la culpa será que no nos entendimos pero no solo tú eres la víctima. Pablo escucho y tiro la botella vacía de ron lejos de él, noto un fuerte golpe en el pecho como si de un rayo se tratase y cayó fulminado en el frio suelo de aquella terraza fría entre medio de aquel amanecer muerto.
No respiraba y sus ojos no se movían, al cabo de unos segundos eternos para maría una sacudida movió el cuerpo de pablo, la miro y le acaricio el pómulo izquierdo de su cara, se levantó y unas lágrimas brotaron de su rostro, ella le acaricio la mano y los dos casi a la vez se pidieron perdón el uno al otro.
Nunca más estuvieron juntos pero entre ellos quedo el secreto de aquel amanecer muerto el cual devolvió el alma a pablo con sinceridad, valentía y sin una miserable mentira.

Comentarios

  1. como siempre tan bellas palabras que escribes!!!! ojala sigas escribiendo asi y compartiendolo con todos los demas como lo has hecho hasta ahora

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