Añoranza
















Te echo de menos al terminar el día que veo como poco a poco agoniza por minutos en su morir diario.
Siento el lamento de un infante al ver que tiene que ir a dormir pues se va la luz del día y su siguiente tarea es dormitar, por mucha energía que todavía le quedase en la recamara.
Escucho las sirenas de la gran ciudad disminuir al tiempo que las luces de neón se intercambian por los rayos de sol desaparecidos.
Fumo un cigarro y no pienso nada, es mas, no se ni siquiera porque tengo la mente en blanco..

Dentro de mi alma una diminuta voz con tono de pitido me dice que será que añoro algo o que espero que alguien me añore a mí, no lo sé si puedo sentirlo, pero me resulta más fácil escribirlo.
De la misma forma que las calles se llenan de gente todos los días y se respira vida por cada esquina, callejuela hasta en las grietas de la acera se nota la vida y el transcurrir del tiempo, no olvido lo desértico y melancólicas que se vuelven al llegar la noche, se perciben la melancolía de la soledad, incluso me veo reflejado en ellas, pues quizás añoran la llegada del día, para volver a sentirse revividas.
 Así me pongo a pensar cuando recuerdo  tus palabras tus locas ideas de la vida el amor el sexo, tú dulzura al dormir y yo sentirme importante al velar tu sueño, tu dormir, protegerte de aquello que ni siquiera se pudiera ver.
El despertar del día desde mi ventana lo disfruto por cada minuto que pasa y va poco a poco calentando y matando el frio de la noche,
Así comparo el tacto de mis manos con las tuyas, suaves, tiernas llenas de caricias nuevas sin intentar que lo fueran, espontaneas, llenas de vida.
El ver al sol me entristece pues me recuerda la grata sonrisa que provenía de tus labios, lo cual era lo que me iluminaba el día, y me llenaba de esperanza y curiosidad por saber que nueva proposicion me ofrecia.
El vuelo de las hojas propulsadas por el viento a dirección a ningún sitio, se proporciona a los sentimientos que me apabullan por esta añoranza que siente mi alma, al querer remontar vuelo, pero tener los pies atrapados en el suelo, ni siquiera me veo las zapatillas.
Mi vuelo era posible al besar tus labios fogosos, tiernos, escuchar tus gemidos al estar conmigo entre aquellas sabanas que ya ni uso, porque entre lavado y lavado perdieron el perfume de tu piel, la mezcla de nuestros sudores el recuerdo de nuestros vuelos espontáneos en alas del deseo y el experimentar y gozar de nuestros cuerpos.
Añoranza de despertarme por mi mismo sin necesidad que me despierten y tener la convicción virgen de distinguir lo que está bien o mal, sin dudas ni segundas preguntas producidas por mi ahora insegura alma. Pues de tu voz dulce y delicada siempre me dabas el apoyo necesario para mis ilusiones o las palabras apropiadas para mis equivocaciones.
Añoranza de tus breves ausencias pues perfectamente sabía que volverías, tu libertad que era la mía y la mía que bien sabes era solo tuya, aunque eso sé que no te gustaba escucharlo, de algún modo estaba mal decirlo, pues solamente se tiene que sentir.
Añoranza de decir te quiero sin necesidad de tener que escucharlo de nuevo, pues los dos sentíamos sentir lo que nuestros ojos reflejaban que éramos nosotros mismos.
Añoranza de bailar contigo sin importar el sitio o el lugar, ni preocuparnos por el que dirán, pues nunca nos importaron las mentes mezquinas, pues eran tan absurdas que no merecían ni una décima de segundo escuchar.
Añoranza de tu cuerpo entre mis manos que se volvían viajeras, entre tu curvas y tus montes, cuevas y cataratas, tu larga cabellera entre mis manos, curioso cosquilleo infantil en cuerpos de adultos.
Añoranza de terminar de fumar este cigarro en mi balcón y no tener que llorar, al verte como te veo ahora, tumbada en aquella cama a la que yo tengo que ir ahora, pero sin ganas de estar a tu lado pues de toda aquellas cosas que añoro y me desgarran el alma de ti, nunca más las volvamos a sentir pues puede ser que tu amor ya no este para mi.

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