Atardeceres
Cuando el día decae por su propio peso, el sol se cansa de alumbrarnos a la vez que la noche empieza a reemplazar la luz por oscuridad, en una perfecta armonía, de momento, se pueden vivir, sentir, ver, acariciar, saborear de mil formas distintas y de mil maneras diferentes. Según el sentimiento el estado de ánimo o el cómo simplemente lo vean nuestros ojos o lo perciban nuestras pupilas dando el mensaje a nuestros cerebros. Sea cual fuese, son momentos que son dignos de hablar de ellos, recordarlos u olvidarlos. Con preciosos parajes o con la mirada perdida en el horizonte del mar.
Vivirlos en soledad o en compañía, con nuestros recuerdos o nuestros enfados, problemas o pensamientos, con esperanza, con cariño, o con aquella persona que deseamos compartir ese momento mágico con o desgraciadamente sin ella.
Los atardeceres los puede disfrutar cualquier persona sin una edad predeterminada, para ello. Un anciano puede disfrutarla con la melancolía de lo vivido, un niño imaginándose ser astronauta y prometiéndose algún día conquistar algún lugar, para saber si hay algo más hermoso que eso, en algún otro planeta desconocido encontrase o cerciorarse que solo nosotros tenemos la fortuna de admirarlos en todo el universo. Tampoco conoce de sexos, puesto tanto mujeres como hombres sentimos la necesidad de soñar al ver admirados tan normal gesto del día.
Cuando en la playa se ve y se siente el olor del salitre, la brisa de la marea que nos rodea con su atractivo perfume de algas marinas e intenta acariciarte cuando nos dejamos fascinar por ella, creer ver sirenas que te llaman para amarte por siempre en el reino de los mares, atractivas mujeres que con sus ritmos musicales pudieran arrastrare mar adentro , el tacto cuando percibe la arena mojada entre las manos, a la vez que notamos el estruendo de la ola al reventar llegando a la orilla, ese cielo que se va convirtiendo en colorado pues el sol se convierte cual si fuera en una enorme bola de fuego, que quizás se enfada como el niño que se niega a ir a dormir.
Agitadora de poetas y escritores, almas fugaces, de locos bien cuerdos o de cuerdos queriéndose sentir bien locos, por el motivo que fuese. Momentos que disfrutamos y nos prometemos compartir al día siguiente, contándoselo a alguien pero que por desgracia nos quedamos sin adjetivos suficientes para representarlo, a los demás tal y como lo percibimos o vivimos en ese preciso instante, el atardecer anterior a esa explicación que no conseguimos pues se queda en algo poco más o menos vulgar, a como lo vimos en ese preciso instante.
Agitadora de cuerpos buscando fugas de cerebros, de besos robados o conquistados, de lágrimas derramadas por los que se fueron o se quedaron, pero ya no quieren estar con nosotros, o por el destino, tuvieron que marcharse a otro lugar para ser recordados con un atardecer ,atardeceres de los que nos hacemos dueños pero no nos damos cuenta que no son del todo nuestros, son nuestros sentimientos los que nadie nos puede quitar. Amores furtivos, equivocados o perfectamente acoplados y encontrados, que hermosos son los atardeceres. Me atrevo a decir que hasta cuando llueve también tienen algo especial, nos provocan como un sentimiento de confusión, un miedo ligero pero sensual, al anochecer más temprano como si un tiempo de más de nuestra corta vida, nos hubieran arrebatado sin pedir permiso alguno, aunque nos refresca la atmosfera y a su vez el aire que respiramos, nubes que amenazan tormenta o agua gratis para mojarnos y como en el anterior modo de amanecer nos consigue sentir libres quizás de una manera algo más brusca o salvaje divertida quizás hasta más juvenil, cuando nos mojamos en medio de nada, las camisas lo puesto, en un instante nos puede hacer hasta más apetecibles, creer volver a renacer dando la importancia a esa agua que en ese momento nos enchumba nuestras ropas y nuestros cuerpos, pero que a la vez promete un nuevo amanecer al día siguiente.
Que nos puede traer fantasmas del recuerdo o que nosotros mismos nos inventamos, con el rugir del cielo, les damos permiso para encontrarnos y así huir o jugar al escondite con ellos.
Atardeceres, atardeceres, atardeceres nuestros, de nadie en particular, pero de muchos en plural. Una caricia un beso, un te espero, te necesito, regresare, no te vayas, quédate conmigo, abrázame, bésame, dame calor que tengo frio, déjame acercarme a ti y tómame en tu regazo, quien no ha tenido estas palabras en su cabeza gritadas por el corazón intentando decírselas a alguien o dichas en voz susurrante, con la fortuna de tener a alguien a tu lado, para que se quedase cual secreto entre dos , con la confidencia entre tú y él o ella y tú. Llegado el momento a ti mismo con tu amiga la soledad, que te acompañase en ese atardecer, repleto de curiosidades, y enigmas por resolver quizás por ti, por mí, o por cualquiera que los entendiera.
Amaneceres interrumpidos por nubes antes contadas, que se representan cual si fuesen vidas truncadas, sueños destruidos, vidas separadas, ilusiones frustradas pero que me hacen pensar en un mañana para poder disfrutar de otro día que traerá con él un nuevo atardecer, un nuevo sueño, el nacer de otra alma, el sentirme vivo, sentirnos vivos por la ilusión de un mañana nuevo, un poema nuevo, una simple ilusión nueva.

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