La carta de diego

La carta de diego.

Cuando por la cabeza pasan cientos y cientos de pensamientos cruzados, desmedidos y sin un lógico final ni dirección, yo lo denomino estar jorobado o dicho en plata estar bien jodido.
Miles de sentimientos se contradicen y puede parecer absurdo intentar ordenarlos pues soy yo el que no se sabe ordenarse a mí mismo.
La añoranza de los sitios de la infancia en los que fui feliz pero a la vez creía que nunca encontraría mi sitio, lugares frescos con corrientes estimulantes de pasión, fáciles de sentir y comprender sin tanto pensar y tampoco perder el tiempo en el que dirán, algo que sinceramente nunca me importo un carajo.
No soporto pensar más si lo que estoy haciendo está bien o mal, pues no tengo el poder de convicción últimamente para tener una opinión certera, lleno se sentimientos confusos que algún día pasado ni me imagine tenerlos.
Cuando los días se pasan y te das cuenta que la vida no te da la razón puesto que el corazón y la cabeza están en continua contradicción, en decisiones y sentimientos sobre por decir algo, que hago yo ya aquí?. Quiero estar completamente solo, o luchar por lo que en su día me pareció una tarea acertada pero que poco a poco se fue convirtiendo en una cuesta que por momentos se inclina más y más, solo se caminar, el escalar montañas nunca se me paso por la cabeza.
Luchador de nacimiento nunca me gusto la palabra rendición menos por una mujer como tu mariana.
Así empezó su nota diego absorbido por sus lamentos y decepciones por un sueño que tenía nombre de mujer.
Estoy enfadado con el mundo y una cosa saco en limpio, que el tiempo pasa y se nos escapa de las manos, la vejez se acerca a pasos agigantados y nosotros no nos damos cuenta al estar rodeados de nuestros orgullos, conflictos y problemas personales, repletos de nuestros cortantes silencios, lo que en un principio era sueño ahora es pesadilla, justo lo contrario que imaginamos jamás, no me siento el único en  el mundo con este dilema, eso me hace sentirme un poco mejor. El despertar y ver que el sol me molesta y que la noche me asusta, mi soledad en los momentos sin ti, me agradan pero a la vez me asaltan y me zarandean como una marioneta recogida de un viejo baúl escondido y olvidado en alguna cornisa polvorienta y recuperada por casualidad. Cuando llegas a casa me ilusiono imaginando que todo fue un mal sueño de la noche anterior producido quizás por una mala digestión, pero en momentos me doy cuenta que la realidad es la que está presente, tu mariana no me miras no me escuchas soy como un fantasma en tu vida, aunque te tropezaras mil veces conmigo en un recorrido de diez metros seguirías sin darte cuenta que estoy aquí.
Es destructivo y nocivo tu veneno pero solo quisiera morir en él, plácidamente en un sueño que me dejara sin sentido, y de pedir un deseo fuese que ese último sueño fuese verte en mis brazos como mucho tiempo atrás conseguí de ti.
Repleto de amor para ti pero que ya no sé cómo ofrecértelo pues me quede sin imaginación para dártelo, ya no compartes conmigo ni los momentos tristes  de los buenos tengo la convicción de que yo sería el último de la lista para enterarme. Cansado de no saber qué contestarte cuando conversamos de algo pues tengo pánico a que lo que yo diga destruya la conversación que tuviéramos cual fuese, pues me quedaría sin tu voz y tu acento sureño que me volvió loco y todavía me puede, ese hablar que parecen poemas sin termino que me hacen creer que eres más que un mujer.
Cansado de mí mismo por decisiones tomadas absurdamente y en momentos que la huida eran la mejor contestación a nuestros enfados o mis decepciones, de salidas nocturnas de alcohol y penas como compañeras, de oportunidades de engañarte con otra mujer, pero al rato darme cuenta que no eras tú, no tenían tu fragancia tu pensar tu sonrisa, al final cuando salía era para buscarte de nuevo pero nunca lo encontré porque como tú solo hay una, tu mariana. De risas mojadas en mesas de bares insospechados con gente conocida o no, pero con la cual me reía y me sentía libre por unas horas las cuales sabía perfectamente que me saldrían caras al llegar a nuestro hogar.
Tengo que darme cuenta que esto está acabado, y de continuar sería un fracaso y un derroche de vida completamente innecesario puesto es de las pocas cosas que no podemos tirar de este modo.
Yo dieguito el que te hacia sonreír con solo pensarte, el que en su día hubiera dejado de respirar al tu pedirlo aunque solo fuese por capricho tuyo, el que hacia cualquier cosa y se daba cuenta que siempre te tenía en mi mente. De maratones al salir del trabajo solamente para verte en cualquier sitio elegido para esa tarde, maldigo! El día que decidí quedarme contigo o te  convencí para que te quedases a mi lado. Maldigo la noche que salí con Juanito y en consecuencia tropezarme contigo.
Me canse de improvisar para ti para hacerte sentir bien pues mis fuerzas se marchitaron y veo que no merece más la pena luchar.
Me iré a la caída del sol y la llegada de la luna, con la primera brisa me dejare llevar por ella a donde quiera llevarme, como de una hoja de árbol desgarrada del mismo, en pleno otoño marchita y sin voluntad para decidir dónde irme y sin pensar en mi nuevo destino. Quiero ser aire, quiero ser ave, quiero ser la fuerza de las olas en un mar bravo, quiero ser el canto de una mujer besado por sus labios, quiero tener la fuerza para decir no a algo, quiero ser arena, quiero ser sangre de poetas, quiero ser ternura quiero mezclarme entre aromas y gustos, quiero ser verdad y mentira, quiero perderme por entre la gente, disfrutarlas enloquecerme, subir al cielo caerme de el para poder levantarme de nuevo, quiero soñar despierto, vivir durmiendo, solo  necesito ser yo mismo.
Mariana cuando leas esta carta ya estaré lejos de tu lado y de mi corazón pues te lo di una vez, y si tú me lo devolviste no sé muy bien a qué dirección lo enviaste, pero de estar contigo aún guárdalo, cuídalo y escúchalo que ya te dirá de tanto en tanto cuando lo necesites lo mucho que te quiso y lo poco que pedía.
Al leer estas últimas palabras escritas, un papel mojado en lágrimas cayo de las manos de una mujer que se dio cuenta de que esa persona que tanto la había querido últimamente en silencio, ya no estaría más. Se apresuró a mirar por la ventana y en el horizonte donde el sol empezaba a caer en un atardecer de cielo rojo, distinguió la figura de un hombre que se iba en dirección opuesta a su mirar, grito su nombre una y otra vez pero diego no miro hacia atrás, se fue perdiendo en el horizonte para nunca más regresar, nunca más para rogarla un beso, nunca más para intentarla hacer feliz día a día.
Lo único que mariana consiguió decir con voz entrecortada fue simplemente , Adiós amado diego, adiós………………

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