calor infinito, tertulia, radical
Calor infinito,tertulia,radical
Hoy me pare por un instante a mirar algo hermoso, precioso por la ingenuidad de su mirada, lo salvaje de su juventud, la picardía de su sonrisa, la claridad de su alma, lo radiante de su pelo rubio con mechas castañas que hacían un remix y explicación del porque el sol y la tierra se unen para darnos cobijo en este mundo.
Fui honrado de compartir amistades y mesa en el bar Calahorra, en la avenida soñadores de Márquez 22 colindante a la plaza de mecenas pescador.
Escuchar su voz era notar la fina textura de la brisa azotando a la madrugada y contando al alba, secretos y travesuras que había cometido la noche anterior.
Al hablar todos la atendíamos y nada nos impedía escuchar aquellas ideas fogosas de vivir, amar, soñar y demás temas que entre cerveza, tacos de tortilla, y algún que otro chupo de tequila, nada más se escuchase en aquel centenario bar, que por lo contrario siempre estaba lleno de griterío, y algarabía. Era fácil imaginar lo que ella exponía, y sentirte de acuerdo o no pudiendo replicarla pues eso a ella le encantaba pero siempre con una explicación.
En lo mejor de la tertulia al yo hablar intentaba no mirarla pues sabía que aquella diosa terrenal caída de algún limbo de belleza y pecado del cual seguramente ella era la hija de la diva de aquel sitio, lo digo por su juventud, no por su belleza de ser así nadie la hubiera dejado acercarse a los terrenales como nosotros a nuestra mesa, de mirarme me haría olvidar la mitad de seguramente un centenar de paridas salidas de mi boca, por otro lado hubiera sido de agradecer no lo sé.
Su boca se veía fresca y como de un manjar de dulces fresas silvestres inducia a besarla, pero sin hacerlo, el tan cerca pero tan lejos podía ser un dicho sí, pero en esa mesa con aquella hermosa mujer era un hecho. Seguíamos hablando y disfrutando todos y cada uno de nosotros mismos, cuando una melodía se escuchó por los altavoces del bar…… decía así (he muerto y he resucitado, de mis cenizas un árbol he plantado su fruto ha dado y desde hoy algo ha empezado. He roto todos mis poemas los de tristeza y de penas, lo he pensado y sin dudarlo vuelvo a tu lado) ella se quedó escuchando aquella hermosa melodía de los secretos, muy a mi pesar empecé a tatarearla pues aquella melodía era bien conocida por mí, cuando me miro las letras se me olvidaron y por primera vez me vi reflejado en aquellos cautivadores ojos verdes de gata sin dueño de nadie, a la vez que me pedía que continuase, lo hice y ella se me quedo mirando de una manera que me hizo sonrojar pues note que mis pómulos se enrojecían y se recalentaban, cuando se acabó, recordó que no se había presentado a mí me extendió la mano y me dijo su nombre, un nombre tan bien buscado para ella que la balanza ni por eso se desestabilizaba con su belleza, su nombre Nerea al notar su mano con la mía era paz, guerra, ternura y pecado, calor y frescura, por lo que mi basta mano no la quiso apretar demasiado por su torpeza y dañar aquel tacto tan febril y desmesurado hasta aquel día desconocido por mí.
Comento de lo bello de aquellas palabras, y se convirtió en centro de tema de una nueva tertulia, la cual se llenó de calor infinito por nuestras palabras, sentimientos y emociones expuestas en aquella mesa, repleta de palabras pensadas o no, pero que desprendían un sentimiento que me rondaba la cabeza hacia ella, amor……. Poco a poco Nerea y yo nos hicimos dueños de aquella conversación por intentar entender para cuándo y por qué el amor era necesario, haciendo de ello una tertulia casi radical por nuestros modos de entenderlos tan cercanos y a la vez profundamente distanciados era un hermoso juego de palabras y pensamientos que hicieron de todo ello una orgia direccionada al sexo, el desamor, la lujuria, la tranquilidad, la pasión, la lealtad, el idioma mudo del corazón y las miradas a ningún sitio o al centro del alma.
La sinceridad de nuestras palabras no me hicieron dudar de que nos sentíamos volar por los entresijos de aquel bar y consiguiendo fantásticos relatos que sin querer tomaban rima y sin remedio se convertían en poesía. Ella se adentraba en mis pupilas con mi permiso, y yo la sentía recorrerme por dentro, pues yo no lo hacía por no perderla quizás el respeto. Después de unas horas nos quedamos solos y al darnos cuenta solo pudimos reír a carcajadas por la situación. Me acerque a su lado y sin decir nada sus lindos labios me pedían probarlos y mi alma solo pedía besarla, cuando nuestros labios se encontraron, tenía razón eran frescos como lo pueden ser los bosques con sus fragancias al ser acariciados por la suave humedad del mes de abril, sus ojos se cerraban al besarme y yo me imaginaba estar en su mente, su pelo despedía el aroma de tomillo y la suavidad aterciopelada de las palabras de un amor furtivo dirigidas a la luna, en una noche clara y pura. Nuestros cuerpos desprendieron un calor intenso de deseo y travesura difíciles de explicar, pero al no querer contarlo, y por consiguiente perder el respeto a esta hermosa alucinación, solo diré que desde aquel día. Nerea y yo seguimos por siempre estando de por vida en las paredes de aquel ilustre bar, pues nuestras palabras y algo de nosotros se filtraron en todos y cada uno de aquellos rincones. Si queréis saber más de nosotros y escuchar nuestras palabras y poemas los cuales se pueden escuchar aún ahora con un poco de humildad y corazón, venid a visitar el bar Calahorra avenida soñador de Márquez 22 colindante a la plaza de mecenas pescador.
Hoy me pare por un instante a mirar algo hermoso, precioso por la ingenuidad de su mirada, lo salvaje de su juventud, la picardía de su sonrisa, la claridad de su alma, lo radiante de su pelo rubio con mechas castañas que hacían un remix y explicación del porque el sol y la tierra se unen para darnos cobijo en este mundo.
Fui honrado de compartir amistades y mesa en el bar Calahorra, en la avenida soñadores de Márquez 22 colindante a la plaza de mecenas pescador.
Escuchar su voz era notar la fina textura de la brisa azotando a la madrugada y contando al alba, secretos y travesuras que había cometido la noche anterior.
Al hablar todos la atendíamos y nada nos impedía escuchar aquellas ideas fogosas de vivir, amar, soñar y demás temas que entre cerveza, tacos de tortilla, y algún que otro chupo de tequila, nada más se escuchase en aquel centenario bar, que por lo contrario siempre estaba lleno de griterío, y algarabía. Era fácil imaginar lo que ella exponía, y sentirte de acuerdo o no pudiendo replicarla pues eso a ella le encantaba pero siempre con una explicación.
En lo mejor de la tertulia al yo hablar intentaba no mirarla pues sabía que aquella diosa terrenal caída de algún limbo de belleza y pecado del cual seguramente ella era la hija de la diva de aquel sitio, lo digo por su juventud, no por su belleza de ser así nadie la hubiera dejado acercarse a los terrenales como nosotros a nuestra mesa, de mirarme me haría olvidar la mitad de seguramente un centenar de paridas salidas de mi boca, por otro lado hubiera sido de agradecer no lo sé.
Su boca se veía fresca y como de un manjar de dulces fresas silvestres inducia a besarla, pero sin hacerlo, el tan cerca pero tan lejos podía ser un dicho sí, pero en esa mesa con aquella hermosa mujer era un hecho. Seguíamos hablando y disfrutando todos y cada uno de nosotros mismos, cuando una melodía se escuchó por los altavoces del bar…… decía así (he muerto y he resucitado, de mis cenizas un árbol he plantado su fruto ha dado y desde hoy algo ha empezado. He roto todos mis poemas los de tristeza y de penas, lo he pensado y sin dudarlo vuelvo a tu lado) ella se quedó escuchando aquella hermosa melodía de los secretos, muy a mi pesar empecé a tatarearla pues aquella melodía era bien conocida por mí, cuando me miro las letras se me olvidaron y por primera vez me vi reflejado en aquellos cautivadores ojos verdes de gata sin dueño de nadie, a la vez que me pedía que continuase, lo hice y ella se me quedo mirando de una manera que me hizo sonrojar pues note que mis pómulos se enrojecían y se recalentaban, cuando se acabó, recordó que no se había presentado a mí me extendió la mano y me dijo su nombre, un nombre tan bien buscado para ella que la balanza ni por eso se desestabilizaba con su belleza, su nombre Nerea al notar su mano con la mía era paz, guerra, ternura y pecado, calor y frescura, por lo que mi basta mano no la quiso apretar demasiado por su torpeza y dañar aquel tacto tan febril y desmesurado hasta aquel día desconocido por mí.
Comento de lo bello de aquellas palabras, y se convirtió en centro de tema de una nueva tertulia, la cual se llenó de calor infinito por nuestras palabras, sentimientos y emociones expuestas en aquella mesa, repleta de palabras pensadas o no, pero que desprendían un sentimiento que me rondaba la cabeza hacia ella, amor……. Poco a poco Nerea y yo nos hicimos dueños de aquella conversación por intentar entender para cuándo y por qué el amor era necesario, haciendo de ello una tertulia casi radical por nuestros modos de entenderlos tan cercanos y a la vez profundamente distanciados era un hermoso juego de palabras y pensamientos que hicieron de todo ello una orgia direccionada al sexo, el desamor, la lujuria, la tranquilidad, la pasión, la lealtad, el idioma mudo del corazón y las miradas a ningún sitio o al centro del alma.
La sinceridad de nuestras palabras no me hicieron dudar de que nos sentíamos volar por los entresijos de aquel bar y consiguiendo fantásticos relatos que sin querer tomaban rima y sin remedio se convertían en poesía. Ella se adentraba en mis pupilas con mi permiso, y yo la sentía recorrerme por dentro, pues yo no lo hacía por no perderla quizás el respeto. Después de unas horas nos quedamos solos y al darnos cuenta solo pudimos reír a carcajadas por la situación. Me acerque a su lado y sin decir nada sus lindos labios me pedían probarlos y mi alma solo pedía besarla, cuando nuestros labios se encontraron, tenía razón eran frescos como lo pueden ser los bosques con sus fragancias al ser acariciados por la suave humedad del mes de abril, sus ojos se cerraban al besarme y yo me imaginaba estar en su mente, su pelo despedía el aroma de tomillo y la suavidad aterciopelada de las palabras de un amor furtivo dirigidas a la luna, en una noche clara y pura. Nuestros cuerpos desprendieron un calor intenso de deseo y travesura difíciles de explicar, pero al no querer contarlo, y por consiguiente perder el respeto a esta hermosa alucinación, solo diré que desde aquel día. Nerea y yo seguimos por siempre estando de por vida en las paredes de aquel ilustre bar, pues nuestras palabras y algo de nosotros se filtraron en todos y cada uno de aquellos rincones. Si queréis saber más de nosotros y escuchar nuestras palabras y poemas los cuales se pueden escuchar aún ahora con un poco de humildad y corazón, venid a visitar el bar Calahorra avenida soñador de Márquez 22 colindante a la plaza de mecenas pescador.

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