Testimonio
Hojas de papel húmedas de diluvios de lagrimas saladas, tibias y llenas de amor frustrado, abandonado, repletas de frio del miedo de un corazón y de una pasión rojiza marchita por un amor venenoso que de tanto buscarlo la acabo matando.
Hojas ensangrentadas de sentimientos atropellados por las brisas patrañeras de la noche que le dijeron te amo, cuando solo eran mensajes con destinatario a corrientes distintas.
Hojas con aroma de perfumes y de rosas marchitas por no conseguir lo que su alma buscaba, alguien a quien amar.
El trágico testimonio de los silencios de una habitación desordenada, como desordenada se quedo su razón, al ver el paso de los años por sus manos, por su piel reseca, por sus labios rasgados de no tener con quien utilizarlos de manera olvidadiza, tentadora, húmeda, correspondidos por otros labios juguetones.
El trágico sentimiento de una marioneta que todo el mundo usaba y de un modo egoísta la quería, pero que siempre acababa en aquel baúl de sueños rotos que era su desordenada habitación.
Testimonio de las paredes que tanto la escucharon gimotear en silencios eternos y de bailes rocambolescos con su compañera de horas y minutos de días eternos y de noches sin corazón, su amiga la soledad.
El testimonio del viento que intento acariciarla para consolarla pero que nunca consiguió hacerla sentir mujer, pero si consiguió besarla y de ese modo hacerla entender y soñar que alguien en algún sitio soñaba con ella.
Hojas de papel escrito entre amaneceres prometedores de una nueva ilusión y de atardeceres que se iban con esa ilusión que no supo encontrar.
Hermosos poemas, testimonios de besos al aroma de la primavera y desaparecidos con las lluvias de mayo, intermitentes como fueron los momentos cuando consiguió a alguien a su lado que desapareció nuevamente con los colores del arcoíris.
Testimonio de este que nunca dejo de escuchar la voz aterciopelada de marga, mi amada amiga a la que nunca supe darla lo que tanto espero de mí, amarla.
Testimonio  de aquellos suspiros que me enviaba y nunca supe descifrar, testimonio de unos besos que nunca fueron los que ella espero, testimonio de hojas de papel escrito que ahora leo y me dan a entender lo mucho que desespero y que yo no supe ni siquiera que me esperaba.
Adiós marga eterna prisionera de sus propios sentimientos, la que nunca entendió que mi amor por ella, era la comprensión de su tristeza. 


Comentarios

  1. Me encanta... en las primas estrofas me identifico completamente.....me encantó

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