A un minuto de ti
A un minuto de ti.
Un instante 59 segundos corta distancia o eterna espera, eso pensó Jorge el día que se dio cuenta de lo que quería, ni estaba demasiado lejos pero tampoco ilusionantemente cerca.
Pensaba en el tiempo que tardaría en realizar un sueño, o una promesa realizada a sí mismo o porque escucho decirla a alguien. Tiempo que tengo pero no sé cómo usarlo o derrocharlo. Fiel a su día a día de eternas batallas contra la rutina de esa vida que lo rodeaba repleta de un continuo girar de ruleta siempre marcado por el tic tac de un reloj, el girar de la gente a su alrededor, de miradas perdidas por la prisa o el desencanto del tiempo en los rostros de la gente.
Si jorge el soñador despierto, el amigo de las mil preguntas que nunca se repetían pero que casi siempre se quedaba sin respuestas, el tiempo, el continuo baile de segundos en rotación, a lo largo de un minuto. Una especie de cárcel temporal que sabía cómo disfrutarla, pero no como entenderla.
Entre los susurros de las callejuelas que lo vieron crecer, reír, jugar, tirarle bolsas de agua a los transeúntes por solo hacer la trastada, burlarse de rogelia la vieja de la ventana 37 que siempre estaba en la ventana para divulgar lo que veía por la mañana y hacerlo púbico por las tardes con sus amigas y un café en la terraza de manolo en la plaza del pueblo.
59 segundos que siempre lo separaron de Beatriz, la jovencita acalorada que aún siendo invierno hacia recalentar al más friolero del pueblo, con solamente contemplarla al caminar durante un minuto. Un buen ejemplo de lo que significaba a un minuto de ti, si de Beatriz tan corto, tan cerca y a la vez tan lejana una eternidad para el que no pudiera conquistarla, ese minuto que cuando pudo decir algo nunca lo dijo, por miedo, vergüenza, temor al rechazo, quien sabe…… por el adormecer de los instintos al disfrutar de esos 60 segundos de belleza en libertad, del contonear de aquellas hermosas caderas que marcaban los segundos al caminar.
A un minuto de ti, de quién? De mí mismo quizás por la ausencia del pensamiento, el disfrute del tiempo al pasar, el enrojecer de las hojas en otoño, auguro del irremediable desnudo de los árboles.
Tantas preguntas que un buen día decidió escapar del tiempo, la monótona secuencia del segundero con su aburrido tic ,tac. Miro su cuarto recogió alguna foto, un petate el cual relleno de unos pantalones, algunas camisas y por primera vez sin ninguna pregunta sobre el tiempo en el pequeño espacio que todavía quedaba vacío. Salió de madrugada con solo su caminar y el horizonte como meta, un horizonte que lo esperaba con mil cosas que disfrutar, saborear, por cada metro que caminaba disfrutaba de lo que veía, olía, se sentía libre de la monotonía y la desesperación de aquella cárcel del tiempo que hizo de el un hombre sin libertad pero que un día jorge consiguió darse a la fuga y no perder más el tiempo en preguntas absurdas. Contemplo campos verdes, llenos de vida y entusiasmo, orgia de colores y tonos diferentes, se entusiasmó por la brisa que acariciaba su cara y que pensó ser besado por la brisa que lo acompañaba en su caminar y que sabía besarlo y apoyarlo en los momentos que se sentía solo. Admiro la lluvia caer y fundirse en ríos y lagos con goteo y con ruta al mar. El mar inmenso lugar repleto de vida, sabiduría, leyendas de piratas y sirenas. Se acercó a la costa y conoció el amor y los manjares de la vida entre los brazos de mujeres morenas y tersa piel poseedoras de miradas ardientes y felinas, de ojos verdes como el coral, azules como el cielo que nos da cobijo, dispuestas a dar y compartir su tiempo entre el rugir del mar y el deseo de ser poseídas. En sus momentos de soledad se sentaba en el malecón para escuchar el estampido de las olas al llegar a la orilla, de notar entre sus dedos la arena mojada y el aroma del salitre que le bridaba el mar.
Las eternas noches que lo seducían y a lo asustaban pero a la vez consiguió disfrutar de aquellos parajes oscuros en montaña o cercanos parajes a la playa y con un pequeño foco de luz desprendido por la luz de la siempre atractiva luna, o por los faros de un coche y las farolas inertes en la calle. Su cerebro consiguió fugarse por momentos pensando en mil posibilidades que aquel manto de la noche podría ofrecer, al peregrino sin hogar, al aventurero, al que quizás escapaba del tiempo.
Siguió su caminar al horizonte que nunca se acababa y jamás llegaba a él, decidió surcar mil mareas y perderse en mil batallas a mar abierto. Pasaron años y meses atracando en mil puertos diferente, escucho y disfruto el ron y la caña, el sentido de la vida.. los ritmos de tambores, los sensuales contoneos de las caderas, bailando salsa, merengue con insinuaciones de caderas con derecho al roce y a los pensamientos y sentidos más calenturientos. Se llenó de culturas y sabiduría de amistades y algún que otro mal encuentro.
Un buen día decidió volver a su hogar, y al llegar entendió el minuto en el que tanto pensó antes de su viaje. Aquel minuto era el que se convirtió en un tiempo pasado ya, en el detonador para hacerlo disfrutar de una vida que nunca más se decidiría en 60 segundos. Vio a Beatriz y antes de verla pasar a un minuto de él le dijo en 59 segundos lo que no supo decirla en tanto tiempo, los ojos de ella se encendieron su voz enmudeció en 40 segundos y en menos de 30 segundos la beso.
El resto vosotros mismos podréis continuarlo si os parece, pero recordad que no puede continuar más de un minuto,, pues no quiero sentirme a un minuto de ti.

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