Brisa, pensamiento, mente
Un
soñador sin alma, condenado entre inquietantes
copos de nieve juguetones, que por primera vez congelaban un pensamiento, una
idea, un sentimiento de ser libre entre los brazos de la amada y virgen mente
que lo poseía de noche y de día.
Acompañado de sed de libertad, por ser aquel
que siempre en tiempo de crianza como el buen vino, quiso ser puro y ni el
tiempo pasado por su piel, ni por el largo tiempo transcurrido le dieron a
entender que jamás volvería a ser virgen,
pues el tiempo cruel enemigo de las sombras y de aquel cruel tic tac del tiempo
con sus destinos que cada uno marca en su camino jamás aviso de perderla sin motivo sin un triste
aviso.
Con
un camino perdido con su alma desnuda, sin rumbo sin dirección alguna, solo aquellos
sueños rotos que en su momento, no dolieron tanto, pero aquella noche repleta
de odiosas verdades lo inundaron y lo calaron de intenso frio.
Sus huesos por primera vez en su joven vida,
traspasaron aquel muro que poseía reforzado por la indiferencia de una mente
que jamás supo amar.
Una
brisa de enero lo grito con un chubasco de lágrimas y suspiros en aquel eterno
invierno, lo cautivo y lo emergió en un profundo sueño, no era la muerte, que venía
a búscalo u condenarlo por pena ninguna.
Cuerpo
desnudo entre aquel pensamiento congelado y mente desteñida por el tiempo,
quiso darle un eterno beso frio,
moribundo y oculto entre el amor
perdido y la esperanza mal venida.
Desnudo
solo entre aguas ocultas. Tras el espejo del hielo, comprendió así, que aquella
brisa de enero lo quiso salvar de su tristeza, recordando a su mente que aquel rostro de
mujer que siempre lo acompaño y lo quiso amar como la arena al mar, se quedó abandonada
por su egoísmo a su libertad y su infantil mente de no saber amar.
Dormita!!
No despiertes nunca de tu frio amar, una brisa le grito no mereces que te amen
si jamás supiste lo que es el significado de aquel bello verbo que tú no sabes
apreciar.
Quédate
contigo mismo, no abras los ojos si no sabes apreciar aquellos en que un día
fueron el espejo de tu alma y te quisieron conservar en ellos, sin brisa de
invierno, sin pensamientos de más libertad que la de su amor por tus besos, por
aquellas caricias que nacían por una mente que rechazaste simplemente por tu egoísmo
de seguir siendo virgen.
Condenándote a este eterno sueño de invierno
del que nunca saldrás pues ya estás muerto de pensamiento, sentimiento y
condenado por una mente frustrada en tu corazón.
Aquel
egoísta que termino congelándose por su mal trecho egoísmo no es más, que aquel
que ahora escribe, tarde lo despertó una
brisa de marzo, lo rego una lluvia de mayo que lo encandilo y un mes de junio en su mente con
una templada brisa de verano lo acaricio.
Su
pensamiento fue de nuevo libre, pero tardío, pues nunca se reflejó en aquellos
ojos que le dieron y le quitaron sus sueños.


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