superficial,deseo soledad
Superficial,deseo,soledad
Entre los susurros de la madrugada Javier caminaba por el puerto de san roque, repleto de pequeñas embarcaciones pesqueras y de algún que otro velero pequeño. Siempre caminaba por aquel puerto el cual estaba repleto de gente que esperaba a sus seres queridos llegar de alta mar, u otros esperando el pescado y el marisco fresco para comprar en grandes cantidades.
Aquel puerto tenía algo especial una mezcla entre antiguo y risueño un algo que Javier entendía perfectamente. Caminaba por el suelo de piedras y entre pequeños muros que lo separaban de alta mar, con una tenue neblina que lo hacía más de una vez soñar y sentirse vivo. Entre salitre y sudor se veía partir a alta mar como lo hacía su padre el cual un mal día no regreso.
Maldijo el mar un millón de veces tanto como tantas veces también soñó, a la vez con aquel viejo enemigo que era el mar.
Cantaba en sus momentos de soledad melodías que en un tiempo lo hicieron soñar y llorar, por necesidad, ausencia o simplemente por amores que él nunca olvido y vagamente pensaba que a él lo pudieran recordar.
Cerraba sus ojos y llenaba sus pulmones de aire que en el faro era eternamente puro y limpiaba dentro de el su alma, la cual de vez en cuando indefensa se llenaba de rencor y tristeza. De esa manera conseguía renacer y volver a mirar y aceptar su vida de una manera diferente a su despertar.
En aquel faro disfruto de niño con sus amigos de aquella infancia ya lejana, aquel faro, lo vio volar con el viento al tener la compañía de Raquel la cual compartió con el los secretos del amor y sobrepasar con él la barrera del sexo y sus mil 1 secretos, repletos de nerviosismo, complicidad, y disfrute de unos cuerpos bellos, de suave piel joven e imaginación sin fronteras.
El faro de los secreto lo llamaba, un nombre algo superficial pero con gran valor para él. Miraba al ancho mar y sus ojos se perdían en el infinito entre imaginación, brisa marina y el coral del fondo que de ser posible aun lo hacía encandilar de un modo aventurero y sin medida de tiempo para regresar a su realidad.
Escapaba de su soledad sin motivo alguno pues se había acostumbrado a ella y sabía cómo tratarla, pues de vez en cuando también la buscaba, pero el poder ver lo cotidiano del puerto de san roque, su sin parar el viene y va de aquellas pequeñas embarcaciones en busca del pan para el día siguiente, admirar el esperar de las mujeres en el muelle por sus seres queridos con la siempre cruel duda de si vendrá, estará bien, podre volver a besarle mañana y dormir entre sus brazos hasta el próximo amanecer.
Que hermoso poder sentir lo que Javier sin buscar encontraba entre aquellos muros, mujeres hermosas trabajadoras incansables limpiando pescado y cuidadoras de sus retoños los cuales sabían que algún día también irían a alta mar.
Escuchaba al viejo lobo de mar de Sebastián incansable contador de muchas historias de su juventud en el mar, de más de cien mujeres conquistadas alrededor del mundo, viejo pirata y algo fanfarrón, pero que a pesar de ello, todo el mundo lo escuchaba, respetaba y disfrutaba de sus historias pues labia no le faltaba, su imagen se perdía entre el intenso humo que desprendía aquellos enormes puros cubanos que no dejaba de fumar y morder. No te vayas nunca amigo, por que este puerto sin ti se quedaría muy solo le decía muchas veces Javier al viejo lobo de mar el cual lo miraba y con un guiño suspicaz le decía; aunque me vaya siempre estaré aquí y tú lo sabes bien le contestaba.
Al pasar por aquella diminuta pescadería que se encontraba al principio de la calle surtidos, perdía su mirada entregado a la belleza de cristina, dulce sonrisa y de ojos azules como el mar, completamente extemporánea pero siempre con aquella hermosa sonrisa que como más de uno decía, entre ellos Javier, era fácil entender porque siempre el sol nunca faltaba por aquellos parajes, pues era para deleitar aquella joven dama que le devolvió al sol las ganas de seguir asomando cada mañana. Y de no poder alumbrarla en algún día lleno de nubes o tormenta la pedía perdón con un arco iris especial para cristina.
Allí se quedaba inmerso en la puerta de la pescadería, cristina lo miraba y le invitaba a entrar diciéndole,(cómprame algo de pescado o róbame el corazón pirata) a lo que Javier le contestaba, (si como te deseo también fuera pirata te robaba el corazón y surcaríamos los mares con nuestras almas sirena mía) en ese momento cristina lo besaba le daba el cuchillo de cortar pescado y entre las sonrisas de los presentes veían como aquel matrimonio hacían de su vida una aventura más, cada vez que Javier regresaba de sus momentos superficiales de tristeza, soledad y finalmente de deseo por regresar a su vida, la cual era su sirena cristina la cual vivía con él, en el puerto de san roque, trabajaba a su lado, en su hogar, la pescadería de Javier e hijos.

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