Mi vuelo
Entre silencios sospechosos
de revolución, traición, contagio de gripe y fiebre de sangre hirviendo por
conductos oscuros y gritos de mi interior, consigo transformarme en brisa de
primavera y lluvia de mayo.
Por el palpito que me
conduce me guía o ayuda a perderme por todas aquellas sendas de luz y energía que
se crecen a medida que el día despierta, y sus sonidos me provocan salir por la
ventana y realizarme, como integrante mas de ese nacimiento de luz, que con mi presencia, ayuda a invitarme
al centro de todo ese maravilloso e insospechado camino del culto de vivir el
nacimiento de ese día que me despertó y me introdujo a ser parte de él.
El peso de mi cuerpo es mas
llevadero y mi imaginación me consigue volar desde mi balcón a reírme y disfrutar
de la seriedad de el roble que con su presencia tiene funciones de guardián de
el parque de Isabela Rivero, a la vez que entiendo que sigue sin saber porque
ese alboroto llego a su lado a medida que su envejecer se notaba poco a poco, después
de tantos desnudos exhibicionistas, frondosos vestidos en primavera y muerte de
hojas a lo largo de los años.
Me quede a escucharlo un
rato y seguí mi camino al verme envuelto de aromas risueños tanto de flores que
me regalaban sus besos, como de la fragancia de las mujeres que al caminar desprendían
el aroma de la seducción y el deseo, por el contoneo de su caminar que por
segundos a la llegada de la primavera las convertía en seres mas sensuales por
el juego erótico de la brisa entre sus faldas y el contoneo de sus caderas que
me hicieron sonrojar al verme en sus ojos aunque ese día solo era brisa de
primavera.
Mis sentidos interpretan el
tararear de un niño una canción de amor la cual el ni siquiera aún comprende de
su sentido, pero aquel tono de inocencia y voz pura y clara me conmueve y me
emociona, hasta el punto de conseguir una lagrima escapar de mis ojos de alegría,
y con el temor de que se convirtiese en lluvia logre parar a tiempo, al ver que
en estos tiempos existe el significado de lo que es puro en el ser humano sin
haber tenido tiempo para ser dañado por nosotros mismos.
Estoy repleto de emociones
y suspiros entre el vértigo de la altura en la que me encuentro y las mil
piruetas que el viento me otorga para ser feliz, un indescriptible manojo de
sensaciones que consiguen que mi piel se estire y pierda sus arrugas que
amenazan su llegada al convertirme en un treintañero y unos pocos mas, en el
momento de aterrizar en la arena de la playa del lago cien cantos. Que entre el
silencio del lago y los coros de los ruiseñores espantan los temores de un
mundo muerto, sin paz, sin tranquilidad. Me revuelco en la arena la cual me
recibe en su terreno y me abraza me atrapa y escupe y consigue una carcajada
como hacia mucho tiempo no salía así de mis adentros.
Me adentro en el lago frio
pero repleto de vida, con su imagen triste, peculiar inadecuado espejo por su
fragilidad en retenernos en una imagen.
Entre frio y el calor del sol me seco y mis imaginarias alas despegan
para darme cuenta de lo poco que le queda a este maravilloso día, el sol
empieza a caer por cansancio sin esperar a la romántica luna a la cual solo le
otorga su caída en prueba de amor incondicional del sol para que la hermosa y
enamoradiza luna no se olvide de él.
La luz no se acaba pues la
luna me sigue y me cuenta lo mucho que espera de un amor eterno por llegar o el
encuentro de su eterno amado.
Mi corazón se lleno de ilusión
al escuchar mil historias de la que aquella bella dama fue testigo, amor,
frustraciones, venganzas, sueños, traiciones que consiguieron adentrarme en un
sueño profundo y bajarme de las alturas hasta conseguir llegar a mi cama como
si de una hoja se tratase.
Me sentí feliz sin angustias
ni temores, mi cuerpo no se vio así mismo para no ver lo que el espejo sin
sentimientos quería que entendiese, que era el mismo que el día anterior, lo
que no entendió aquel espejo era que lo que me hizo mas joven fue, a verme
sentido aire, viento, tierra y que de todo eso me dio la juventud perdida al
pensar y creerme que el mundo era una farsa.



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