Sin sentimientos
Sin sentimientos.
Besarte y no admirar lo bello de tu alma, simplemente
encandilarme por los suspiros del deseo rugiendo entre nosotros, en este lecho
testigo de nuestro venidero desenlace.
La palabra temeraria que jamás consiguieron arrancar de
mis labios, las palabra que de algún modo te confinan en un contrato… decir (
te quiero, te amo). Yo las cambie por el recorrer de tu cuerpo moreno, con mis
labios que saboreaban las riquezas del perfume de tu cuerpo entre seda y pecado.
Los sentimientos apartados se quedaron en la puerta que
nos dio la bienvenida a esta habitación con dos velas las cuales apague y con
un lecho que tampoco hubiera necesitado para estar contigo morena.
Mis sentidos, menos uno, gozando entre curvas y deseos
cumplidos, regalando energía y tomando de nosotros el sabor de nuestros cuerpos
con esa mezcla mojada de humedad y sal entre tu moreno cuerpo y el mío.
Mirar a los ojos en los que me siento clavado entre tus
pupilas, dos espejos secundarios entre palabras convertidas en gemidos rítmicos,
pero sin tiempo a la promesa de un mañana.
Tampoco creo necesitarlas para olvidarme de ti, en un
amanecer inminente que despide a la tormenta acontecida en estas cuatro paredes
testigos de este pecado de lujuria sin amor, locura de poeta enredado entre tus
piernas, y la crueldad de dos mentes desconocedoras de la palabra tan enigmática
como lo pueda ser amor.
Movimientos espontáneos de tus caderas y mis ardientes
deseos de gozarte sin medidas ni tiempo alguno, salvajes contoneos como lo
puedan ser las olas en mar brava, los golpes contra el arrecife entre tu manjar
de mujer y mi vástago sin remordimientos.
Tus arañazos por mi espalda marcada por esta noche que no
conseguirán marcar mi corazón ni mi alma, abandonadas en aquella puerta que cerré
al entrar contigo en aquella cueva llamada habitación.
No busque tus labios para besarlos, simplemente para
quitarme la sed de los míos, mojarlos entre tu saliva y la mía, para llegado el
momento humedecer aún más tu hermoso cuerpo moreno que comienza a resplandecer con
el sudor de nuestros cuerpos y los primeros rayos del sol, el cual sin invitación
se coló entre las rendijas de las persianas.
La despedida llego y de mi billetera salieron unos
papeles que aceptaste, sin beso de despedida y sin promesa de vuelta te perdiste
por aquella puerta, a la vez que yo recogía mi alma y mis sentimientos que me
esperaron aquella noche junto a la puerta.
Adiós morena, diosa del templario del deseo y el olvido.
No me despido de ti pues nunca nos saludamos al encontrarnos,
pero te agradezco esta noche en la que me olvide por fin de la palabra amor
entre unos brazos de mujer.

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