Sueños
Que hermoso subir y bajar en el secreto del tobogán de
nuestros anhelos.
Volar entre nubes regordetas cargadas de agua de mayo y
sueños de un ayer, y comprometidos con un futuro irreal pero consistente.
Sueños de grandeza o de locuras cuerdas que nos hacen
sentir pero que al llegar la mañana se olvidaran, como se queda un te quiero en
soledad.
Sueños, momentos puros en tiempos desordenados en los que
a veces ni se ven ni se sienten, pero que alguna imagen queda para soñar de nuevo
a la noche siguiente.
Palabras tristes al paso de una melodía furtiva amante de
aromas y fertilidad de mentes exploradoras de mil aventuras que saciar sin aun
tener idea que serán.
Los mil bailes entre niebla y cuerpos desnudos con la
sinceridad de lo vivido en el lecho, es puro pues nunca se puede pensar que es
lo que vamos a soñar en nuestra cama gigantesca que se hace notar al no
encontrar referente con quien chocar en ella.
Sueños gentiles, alocados, tiernos, duros, cobardes,
temblorosos de ser descubiertos o interrumpidos por un simple estornudo, vuelos
sencillos o acrobáticos en los que el vértigo es el único que te avisa de que
no es tan imposible esas sensaciones conseguirla, vivirlas en tiempo real.
La llegada del erotismo culminando en el reventar de la
primavera y con la perplejidad de entender que es época invernal, entre besos
fugaces, abrazos irreales y de palabras de amor que simplemente desearíamos escuchar
de vez en cuando estando despiertos.
El amanecer de una nueva vida o la llegada de una nueva
tormenta aplicada por desfallecimientos de nuestros propios sentimientos en
momentos de una felicidad inventada.
Soñar que no quieres despertar de aquella aventura del
que se es protagonista pero que de vez en cuando se queda sin final por el
despertador, el amigo de las horas y los minutos que nos condena a despertar de
nuevo sin importar donde estabas en ese momento, cruel realidad despertar y ver
el techo que te cubre siempre del mismo color al abrir tus ojos.
Los sueños, el mundo paralelo en que vivimos y morimos
pero que nunca deja de ser hermoso y puro, tanto en tiempos de amor o guerra,
Temores y miedos de nosotros mismos por momentos
aparentemente borrados de la mente pero que nunca se fueron de nuestras almas.
Si no tuviéramos el maravilloso don de nuestros sueños y
pesadillas no me sentiría vivo ni mortal,
Ni la hoja de otoño que vuela furtiva con el frio de
otoño a la despedida de la rama que la tubo encarcelada durante la primavera y el
ardiente verano, pero que antes de morir le dejara el ultimo vuelo furtivo en
libertad con aquel que la acaricio, y la amo durante esos casi seis meses de
vida en silencio su amante el viento.
Sueños, sueños, sueños.




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